jueves, 24 de noviembre de 2011

Bolsas Norman

Érase una vez, en un país llamado El Salvador, aconteció una catástrofe provocada, en primera instancia, por los mismos humanos. Llovió sin parar durante diez días. El sol no salía. El paisaje se veía desolador. La desgracia, vestida de muerte, llegó a los hogares de los salvadoreños que viven en las zonas más vulnerables del país.

 Rápidamente, en esfuerzos loables, el Gobierno de El Salvador comenzó a movilizar sus dependencias para llevar ayuda lo más pronto posible a los afectados. Los medios masivos de comunicación también se movilizaron y activaron sus diferentes franjas para hacer llamados a la solidaridad del pueblo salvadoreño. También, la comunidad internacional hizo efectiva ayuda inmediatamente.

Pero es importante recordar en este cuento que estamos a meses de elecciones para elegir a diputados y alcaldes. Personajes propios del folclor salvadoreños. Algunos, deberían estar ya en museos, otros, trabajando en sus profesiones ¿por qué? Simplemente porque no han hecho nada durante su permanencia en los puestos que el pueblo amablemente les ha cedido.

 Entonces, en la televisión y periódicos comenzaron a mostrarnos a personas que se comenzaban a lucrar con el sufrimiento ajeno. Llámense políticos, para ser más específicos. Cada quien sacaba su tajada.

Pero una persona, que ya tenía mucha fama de robarse cámaras a cada momento, comenzó a aparecer con mucha frecuencia durante estos diez días. Como olvidar aquella escena de un “naylon”, o cuando llamo a su antecesora “la reina de la basura”. Si, hablamos de Norman Quijano. Una persona que, si bien está haciendo muchos esfuerzos por rescatar la capital de país, se preocupó más por el ornato, pan y circo de los capitalinos, que por generar obras de mitigación para proteger la vida de las personas.

Pues bien, el señor alcalde salió a las comunidades más afectadas a buscar (con cámaras en mano para que quedara evidencia) escenas que logran sensibilizar a la población (para conseguir votos). Lo logró. Pero no quedó ahí. Luego, movilizo a sus amigos de la empresa privada para hacer uno de sus más grandes proyectos, y no era el metrobus ni las metrolanchas; eran las Bolsas Norman. Si bien contenían granos básicos, contenía algo muy importante en su fachada. Y es que la cara de quien las entregaba, llámese don Norman, no podía faltar, por aquello de que los salvadoreños podrían votar por caras en las próximas elecciones.  Por ello, juntos a frijoles, azúcar y arroz, la cara de Norman Quijano adorno las bolsas solidarias entregadas por la alcaldía municipal de San Salvador a los afectados por las tormentas… fin.


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